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Namibia, una nueva África por descubrir

Un mar de arena a los pies del Atlántico y un safari típico africano. Namibia es uno de los destinos por descubrir de uno de los continentes con mayor contenido y diversidad. Desde el norte de África, con la cultura musulmana o egipcia como grandes atractivos, pasando por el ecuador del continente para llegar a la tierra de los safaris y la sabana hasta la gélida Sudáfrica, rodeada de pingüinos y ballenas.

Pegada a la inmensidad del océano Atlántico, yace Namibia. Un país con un encanto diferencial que ofrece todo lo que conocemos de África y un ecosistema milenario de un país único del que el turismo todavía no ha podido hacerse eco dada su corta existencia.

Antigua colonia alemana y británica, y posteriormente bajo el mandato de Sudáfrica hasta 1990, la historia de Namibia no se resume en 21 años, sino en siglos y siglos de desierto árido, escasas lluvias y, simultáneamente, un país clave para las migraciones de los grandes mamíferos africanos como los elefantes o las jirafas. Uno de los países menos poblados de todo el globo que en su inmensidad ofrece un paisaje atípico. Un destino que, sin duda, requiere de un viaje a medida para conocer su naturaleza y sus tribus autóctona.

Namibia es desierto, es safari y son leones. Contiene todo lo que un safari africano puede ofrecer a cualquier amante de los animales y la naturaleza, pero además guarda en sus tierras la historia de un desierto de millones de años que se ha mantenido intacto desde la época de los dinosaurios.

Absolutamente fascinante. Con temperaturas de 30 grados centígrados bajo el sol, la llegada de la noche produce una caída en picado del mercurio donde pueden llegar a registrarse temperaturas bajo cero. Un contraste atípico que ha obligado a su fauna y también sus tribus a adaptarse a un medio de vida desconocido para muchos. Vivir rodeado de miles de kilómetros de dunas de densa arena, donde apenas llueve, pero donde la vida es posible.

Tres paradas obligatorias

Namibia es el destino por descubrir. Un país que sorprende por su asombroso contraste en sus 824.000 kilómetros cuadrados. La primera parada, e indispensable para todos los aventureros una vez aterrizados en África, es el Parque Nacional de Etosha.

Uno de los parques Nacionales más grandes del mundo y con una peculiaridad única. Dos ecosistemas opuestos conviven a escasos kilómetros. La sabana africana y el desierto más profundo. Actualmente, Etosha es hogar de elefantes, leones, rinocerontes, jirafas, cebras y un sinfín de especies habituales en otros países como Kenia y Tanzania donde puedes disfrutar de un safari en su hábitat natural. Un paisaje que a escasos kilómetros experimenta un cambio radical: un desierto con un clima más árido que el del Sáhara.

Puedes entrar pero no salir 

Como si de una leyenda se tratara, la fama bautizó uno de los lugares más bellos pero también más siniestros del planeta. Costa Esqueletos. Allí donde termina el desierto para fundirse con el océano y donde el viento no proviene de las olas sino de las dunas.

Con la niebla como protagonista principal y la lluvia como figurante de esta obra de arte, el constante oleaje y la gruesa neblina convirtieron la costa de Namibia en una de las más peligrosas del mundo. El nombre lo dice todo. Los marineros de siglos atrás podían desembarcar, si primero conseguían atravesar la fuerte marea, pero era imposible volver a zarpar.

Un inconveniente mayúsculo que solo albergaba una escapatoria: cruzar todo el desierto para sobrevivir. Una leyenda que puede verse reflejada en las zonas costeras donde todavía se encuentran centenares de barcos varados que nunca más pudieron navegar.

A la temida costa por todos los marineros, se le suma el desierto del Namib. Su nombre significa enorme y recorre toda la costa para hacer frontera con Angola al norte y Sudáfrica al sur. Un desierto que ha perdurado miles de años. Un desierto que puedes pisar como un día también hicieron los dinosaurios.

En su inmensidad, se encuentran algunas de las dunas rojizas más grandes del mundo. La lluvia, escasa por naturaleza, solo está presente en la bahía de Walvis, al norte del país, mientras que al sur los cambios de temperatura convierten un desierto infernal de día en un iceberg de polvo de noche. Un ecosistema excepcional donde, pese a parecer imposible, hay vida. Es el hogar de chacales, antílopes, hienas y oryx. Y en un ecosistema tan árido, ocurre un fenómeno natural que permite a todas las especies sobrevivir. El Sossusvlei (de traducción literal “pantano sin salida”), es una zona emblemática en el centro del desierto compuesta por lagos vivos que aparecen y desaparecen entre las dunas y que sustentan la vida en el lugar. A su vez, también encontramos otros lagos totalmente secos como el conocido ”Deadvlei”.

Un desierto que además ofrece una de las mejores experiencias de cualquier viajero. Dormir bajo un cielo que solo se puede contemplar en Namibia. Absoluta oscuridad y silencio con las estrellas como acompañantes.

La experiencia más auténtica

Namibia es un destino de lujo en todos los sentidos. Rico en variedad y único en contenido, pero, como siempre, desde Bestours Viajes creemos que el éxito de un viaje a medida también reside en el alojamiento en el que te hospedes.

Y para hacer inolvidable un viaje como este, es casi requisito indispensable vivir la experiencia africana en tres alojamientos que han conseguido transmitir la esencia del país en sus instalaciones, de principio a fin.

En el Parque Nacional de Etosha te espera toda la fauna característica de África. Encontrar un hotel gran lujo en el que puedas casi sentir a los leones y elefantes a los pies de tu cama es el objetivo principal de Ongava Tented Camp y  Little Ongava Con una decoración acorde al lugar y respetando el ecosistema de la zona, Ongava se camufla en la extensión inmensa de un paisaje maravilloso. Un campamento clásico africano que bordea el Parque Nacional de Etosha para que vivas la auténtica experiencia del safari. Además, su exclusividad es total. Tan solo ofrece ocho tiendas para que sus huéspedes puedan pasar desapercibidos entre la naturaleza y fomentar así una de las prioridades de la firma: el ecoturismo. Todo ello garantizando el más alto nivel de calidad y comodidad.

Un naufragio único

La cruda realidad de lo que fue Costa Esqueletos no es una fábula, pero Shipwreck Lodge ha conseguido plasmar la realidad del lugar en unos alojamientos tan realistas como peculiares. Y es que sus habitaciones son el relato de lo que fue durante siglos la costa en la que se ubican.

Entre las dunas donde centenares de marineros perdieron el norte en busca de una salida, se encuentran unas cabañas completamente equipadas y perfectamente diseñadas para vivir la experiencia más auténtica con unas vistas exclusivas al océano Atlántico.

Además, el hotel ofrece una gran variedad de actividades por la costa como excursiones en el río, paseos por la costa o paseos en quad por el desierto. Para los más valientes, también ofrecen snowboarding pero versión a 30 grados centígrados: sandboarding.

 

Por último, pero no menos fascinante, la visita a Sossusvlei y sus lagos muertos también requiere de las mejores instalaciones. Y en esta ocasión dos firmas se postulan como la mejor experiencia in situ del lugar. Little Kulala Camp y andBeyond Sossusvlei Desert Lodge. 

Literalmente en el medio de la nada pero con infinidad de posibilidades para explorar uno de los parajes más bellos del planeta. Dos estilos muy distintos para que adaptes las posibilidades del destino a tu viaje a medida. 

Little Kulala Camp se mimetiza en las dunas de más de 300 metros de altura. Recientemente reformado, es el lugar perfecto para encontrar la paz y vivir en armonía. Con la tecnología más avanzada, sus once suites –todas con piscina privada– funcionan con energía solar para preservar un ecosistema único.

Para aquellos que prefieran resguardarse del calor y también del frío del desierto con un estilo más sofisticado, andBeyond Sossusvlei Desert Lodge, ofrece 12 suites de piedra y vidrio con piscina privada y unas vistas privilegiadas al universo.

Los Himba, la tribu que queda por conocer

De entre todas las tribus que se mantienen vivas en el planeta, desde los Maasai hasta los indígenas sudamericanos, los Himba son, sin duda, una de las más reconocibles del planeta y también menos accesibles.

Su cultura ancestral ha sido capaz de mantenerse intacta con el paso del tiempo, las guerras sufridas en el país y la llegada de otras culturas. Más conocidos por su cabello y piel roja que por su nombre, su forma de vida coincide a la perfección con el dibujo mental que todos tenemos en mente cuando pronunciamos la palabra tribu: taparrabos, pies descalzos, rituales ancestrales y unas creencias propias que, hasta la fecha, no se han visto influenciadas por costumbres ajenas.

Dueños y señores de la región de Kunene, donde han subsistido durante siglos, viven en la calidez y protección que les dan sus kraals – los poblados en los que viven– gracias a la ganadería, su forma de vida.

Mendigos por nombre –es el significado de Himba– cada tribu tiene un líder espiritual que además toma las decisiones más importantes por el bien del colectivo. Pero, sin duda, una de las curiosidades de esta tribu es su pelaje. No solo por su peculiar color y forma –envuelto en pieles curtidas y una pasta rojiza– sino por el significado que tiene cada peinado.

Para los hombres supone la revelación de su estado ante la tribu. Cuando contraen matrimonio se les coloca el ondumbu en un auténtico ritual sagrado. Un objeto que debe permanecer en su cabeza hasta el fin de sus días para evitar lo que ellos denominan “mala suerte” en el matrimonio.

Para las mujeres, tiene un componente similar aunque permite variaciones. Cuando son niñas, dividen su cabeza en dos trenzas que posteriormente, y una vez busquen marido, cambiará y que pueden adornar con el ohumba, una concha de mar considerada un ornamento muy valioso.

Toda una tribu que se distingue también por el color rojizo de su piel. Un color que consideran un culto al cuerpo y que realizan gracias a una pasta de grasa animal y polvo rojizo que se consigue con su método tradicional: machacar piedra.

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