¿Quién dijo frío en enero? ¡Bienvenidos al Caribe!

Autor Bestours

Los amantes del calor, la playa y el mar no tenéis por qué esperar al verano para disfrutar de unos días de desconexión, sol y bronceado. Con el frío de diciembre y el que está por llegar, la nostalgia de los días calurosos de julio y agosto se apodera de muchos de vosotros, lo sabemos. 

Las estaciones marcan nuestros destinos y actividades durante el año, pero siempre existe la posibilidad de salir de lo predecible y para ello tenemos la solución. Existen pocos lugares en el mundo donde siempre es verano, donde siempre brilla el sol y donde un chapuzón es obligatorio; el Caribe. 

Tampoco hace tanto que abandonamos las playas durante nuestras vacaciones veraniegas. Para aquellos que las añoráis o  para los que escogisteis otro destino alejado del mar, ha llegado el mejor momento para recargar las pilas en playas de arena blanca tan fina como el polvo y aguas cristalinas que no dejan pie a la imaginación.

Y si del Caribe se trata, existen dos islas de estancia y visita obligatoria que se han convertido en un emblema del lugar: Isla Anguila e Isla San Martín. 

El lujo a pie de playa

Muchos conocen la magia del Caribe y la oferta que las más de 700  islas garantizan a sus visitantes, pero no todas ellas cuentan con la maestría y el lujo de quienes convierten un viaje, en una experiencia.

Desde Bestours Viajes os proponemos dos de las mejores experiencias que proporciona el Caribe:

Four Seasons Resort and Residences Anguila y, como no podía faltar tampoco, la firma Belmond en Cap Juluca. Dos marcas que han convertido la isla de Anguila en un referente para aquellos que no solo buscan el sol y la paz del Caribe, sino el lujo y la hospitalidad de dos firmas pioneras en experiencia y servicio al huésped de alto nivel.

Ambos hoteles se encuentran en la zona suroeste de la isla en una ubicación privilegiada para disfrutar de las mejores cualidades del lugar, todas ellas orientadas a las expectativas del cliente Four Seasons y Belmond con el sello incuestionable del Caribe. 

La casa Four Seasons, por su parte, ofrece 166 villas para sus huéspedes con unas vistas inmejorables a sus 33 playas privadas. Cada una de ellas con piscina privada donde el despertar se acerca más a un sueño que a la realidad. Todo ello, con la inmejorable colaboración de sus paisajes donde cada atardecer es una obra de arte.

Belmond, a tan solo 2’4 kilómetros de distancia, es la otra gran firma que ha convertido la isla en una fantasía para el lujo. Con 66 alojamientos ubicados en el santuario más exclusivo de las playas de Anguila, los ventanales del Belmond se asoman al sur del mar caribeño, con habitaciones de ensueño frente al mar donde se hallan los arrecifes de coral. 

Con una oferta para todos los gustos –habitaciones, suites y villas—el abanico de entretenimiento también es amplio. Scuba diving, surf, tennis, golf y mucho más. 

El lujo de Belmond se extiende por Sant Martin

Pero no todo empieza y acaba en Anguila. San Martin es otra de las islas más atractivas del Caribe. A tan solo 26 kilómetros de distancia y separadas por un canal al que da nombre Anguila, San Martin nos regala otra de las islas más maravillosas de la zona. Y de nuevo, Belmond ha llevado su distintivo de suntuosidad al lugar.

Junto a las playas privadas de las Antillas francesas, La Samanna, se ha convertido en uno de los hoteles de referencia de la casa, adaptado –como todos los que llevan la firma Belmond—al paisaje que les rodea y las necesidades de sus huéspedes.

Villas a juego con las formas y colores que desprende el océano Atlántico tropical donde habitan centenares de especies marinas. Un lujo al alcance de muy pocos tanto de día como de noche. A pie de playa y con acceso privado, el mar es el destino final de todos los ojos, mires donde mires. Hasta que anochece, cuando toca entonces elevar el cuello para observar las estrellas dentro de una bañera de hidromasaje o tu piscina privada. 

Un auténtico tesoro que además se complementa con infinidad de actividades diurnas –kayak, snorkeling– que pueden terminar en el restaurante L’Oursin, donde se crea la gastronomía tradicional del lugar, o en la intimidad resguardada del restaurante La Cave donde se puede saborear una deliciosa langosta. 

Un destino incomparable que solo puede convertirse en único de la mano de los que lo han hecho suyo y han sabido plasmar a la perfección, el lujo camuflado entre rocas y playas. 

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