El Hierro & La Palma: adéntrate en un nuevo universo virgen y salvaje

Autor Bestours

El Hierro: Calma y serenidad

Repleta de abrumadora naturaleza, El Hierro es una isla para el relax absoluto. Con 278 km2, la más pequeña de las Canarias presume de paisajes y ecosistemas únicos que la convierten en un destino ideal para el descanso.

¿Y qué tiene El Hierro? Pues mucho, muchísimo… y nada. Ante la cada vez más demandante búsqueda de parajes indómitos, de lugares alejados de lo común, de lo masificado, la más pequeña de las islas Canarias, es también la menos poblada y la más occidental. Presume de infinitos microclimas que, en un abrir y cerrar de ojos, cambian el paisaje: de las laurisilvas a las suculentas, de los cactus a las plantaciones de plátanos, de la negra lava al verdor inmenso.

Con más de 500 cráteres a cielo abierto, es la isla que cuenta con mayor cantidad de volcanes de las Canarias. De hecho, en octubre de 2011 se registró la última actividad volcánica en el Mar de las Calmas, a tan sólo 5 kilómetros de la costa.

Un Atlántico bravo, azul oscuro casi negro, que se bate contra acantilados, pero no esperes encontrar largas playas de arena fina. ¡Quién quiere playas cuando abundan las piscinas y charcos naturales, como Charco Manso, Charco Azul y La Maceta!

¿Eres un amante del buceo? Disfruta de su fondo marino considerado uno de los mejores del mundo por la claridad de sus aguas y la riqueza de su fauna y flora. Además, cuando salgas del gran azul del mar y mires hacia el cielo, comprobarás que también es uno de los más limpios y brillantes del planeta.

Y si te apasiona el buen vino, te recomendamos una parada obligada en el guachinche Las Lapas, donde descubrirás uvas como la vijariego negro, la negramoll o la torrontés, mientras te cuentan que allí llevan cultivando la vid desde el siglo XVII.

¿Dónde dormir?

El Parador de El Hierro, inspirado en la arquitectura popular e inaugurado en 1976, está situado en la zona de Las Playas, frente al océano y bajo la sombra colosal de un gran risco. Si buscas paz, este es tu sitio. Sencillo, sin pretensiones y con unas vistas imponentes mires donde mires. Dicen que más de un artista lo tiene entre sus favoritos para desconectar del mundo.

La ubicación del hotel permite que las gotas de agua del mar salpiquen tus paseos por el jardín y el azul intenso del agua se cuele por tu ventana. Los balcones del edificio te acercan al océano hasta permitirte casi tocarlo con la mano. Desde el jardín con piscina y las confortables habitaciones disfrutarás del suave rumor de las olas, te relajarás y descansarás sintiendo que estás en un lugar idílico.

La Palma, la isla bonita

Cambiamos de isla y nos adentramos en otro universo. ¡Mira qué cielo! La Palma, poseedora de la certificación Reserva Starlight, es uno de los mejores lugares del mundo para observar el firmamento. ¿Y si nos sumergimos bajo las aguas? Sorprendente. La isla alberga una de las tres Reservas Marinas de las Islas Canarias, un paisaje volcánico submarino de gran belleza donde abundan cuevas, arcos y es hogar de algunas especies únicas en el mundo. 

La Palma es la isla canaria más alejada de la península. Conocida como la Isla Bonita o Isla Verde, es un remanso de paz en medio del Atlántico; un pequeño lugar en el que contrastan paisajes de mar, volcán y montaña. 

Para descubrir esta desconocida isla, empezamos el viaje con una visita obligada al Bosque de los Tilos, donde podrás ver y fotografiar cientos de helechos centenarios. La variedad de flora y fauna (acebiños, barbuzanos, madroños, peralillos, fayas, brezos, etc) que habita en este lugar fue la que le valió, ya en 1983, el título de Reserva Mundial de la Biosfera, que años después sería ampliado a toda la isla.

Seguimos hacia el mirador del Llano de los Jables, a los pies del Pico Birigoyo. Desde aquí la vista panorámica sobre el valle de Aridane, con la Caldera de Taburiente de fondo, nos permite contemplar todo un espectáculo desde que amanece hasta que anochece.

Durante el trayecto, merece la pena hacer una parada en el Mirador Barranco de los Gomeros, donde se consiguen las mejores panorámicas para el recuerdo. Las Salinas de Fuencaliente, es otro lugar mágico que ofrece unas maravillosas vistas al Atlántico; repleto de montañas de sal  que producen 590 toneladas de sal al año y por regla general, se queda todo en la isla.

Nadie puede irse sin hacer una visita a una plantación de plátanos como, por ejemplo, la de Gabaceras, plantaciones ecológicas, en las que la tierra y el agua son puntos fundamentales para que el producto sea de gran calidad. La recogida se hace de forma manual, y tras la recolección, llega el envasado, proceso realizado sobre todo por mujeres con muy buen ojo para diferenciar cuál es bueno y cuál sale defectuoso. 

Y no podemos irnos de la isla sin pasear por su capital, Santa Cruz de la Palma. Elegante, colonial y declarada Bien de Interés Cultural con la categoría de Conjunto Histórico Artístico. En la avenida Marítima destaca la inconfundible balconada multicolor repleta de cuidadas jardineras y, en sus calles traseras se respiran aires habaneros. Visita el mercado central para comprar productos típicos de la isla, como el mítico mojo picón , los quesos de la Granja las Cuevas , las papas, los adictivos platanitos Kennedy con toque picante o, ya puestos, para tomar un mojito natural en el puesto El Trapiche, elaborado allí mismo con limones locales. 

¿Dónde dormir?

Nuestra máxima recomendación es el Hotel Haciendo de Abajo. En pleno centro histórico de Tazacorte, es un auténtico oasis para desconectar del mundo. Rodeado de exuberante vegetación y fincas de platanera, un ambicioso proyecto familiar, que comenzó con la rehabilitación de una antigua hacienda productora de caña de azúcar, actualmente está reconocido como hotel emblemático por el Gobierno de Canarias.

Es un paraíso para amantes del arte, repleto de tapices flamencos, una valiosa pinacoteca de los siglos XV al XX, esculturas y tallas religiosas, porcelanas chinas y un sinfín de piezas originales procedentes de Europa, América y Asia, que sorprende a sus visitantes y constituye la mayor aportación de patrimonio artístico a La Palma desde el siglo XVIII.

La joya de la corona es un espléndido y mimado jardín de rarezas botánicas construido en medio de cuatro edificaciones, y seguido de El Sitio, el restaurante del hotel, que mezcla la rica tradición gastronómica local con influencias internacionales y el acento en los sabores y texturas de productos procedentes del entorno, de gran tradición agrícola y ganadera.

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