EN PRIMERA PERSONA: MI EXPERIENCIA EN LA INDIA

Autor Manel Valor

Como profesional de los viajes, he tenido la oportunidad de viajar por todo el mundo pero siempre me había fascinado la India. Y ésta es la experiencia que me gustaría explicaros.

Había leído que la mejor época para visitar la India es entre finales de octubre, cuando termina la estación monzónica, y mediados de marzo. El año pasado, yo tuve la oportunidad de viajar a principios de octubre (del 6 al 14) y aunque hacía calor, era soportable.

Me decidí por hacer el clásico Triángulo Dorado (Delhi-Agra-Jaipur) con extensión a Benarés. Entramos por Delhi y lo que más me gustó fue el Qutub Minar.

Llegamos justo para la última visita del día. No había mucha gente. La luz era extraordinaria y se reflejaba sobre las piedras. Fue la culminación de una jornada llena de contrastes.

Al día siguiente salimos por carretera hacia Jaipur. Si bien el vehículo que nos asignaron era muy cómodo, eché de menos disponer de un icónico Ambassador de los que se utilizaban tradicionalmente en turismo. Aunque el trayecto es largo, el tráfico y la variedad de coches y de camiones lo hacen llevadero. Además, tuvimos la agradable experiencia de visitar el Samode Palace y comer en el restaurante. Fue fantástico, ya que no había nadie. El pueblo de Samode es realmente lo que esperas ver: es la India más rural. Nada que ver con la llegada a Jaipur.

Delhi ya sabes que es una gran ciudad, muy poblada, pero la idea que me había hecho de Jaipur era la del Palacio de los vientos, el Amber Fort… Me sorprendió encontrar una ciudad con una población de más de dos millones de personas, donde se percibe un rápido crecimiento que no siempre es ordenado.

palacio de los vientos

Este crecimiento conlleva, en ocasiones, imitar el modelo americano de centros comerciales y locales de comida rápida. La ubicación de los hoteles más modernos de la parte sur de la ciudad deja mucho que desear. No sé cuál hubiese sido mi percepción de haberme alojado en el Oberoi Rajvilas o en cualquiera de los otros hoteles situados en las afueras de la ciudad.

En cualquier caso, las visitas monumentales de Jaipur son maravillosas. Pedimos tiempo libre para perdernos entre las callejuelas de la parte antigua de la ciudad, donde todavía se puede observar a los artesanos ejerciendo sus oficios. Entramos en el patio de una escuela en la que nos recibieron los niños con su eterna sonrisa. Y nos topamos con el aula de otra pequeña escuela de un templo. ¡¡¡Esa era la Jaipur que buscábamos!!! La subida en elefante al Amber Fort me la podría haber ahorrado, pero la visita es muy interesante y ofrece vistas extraordinarias al lago.

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El trayecto entre Jaipur y Agra también depara agradables sorpresas. Apenas unos kilómetros después de salir de Jaipur se encuentra el Templo de Galtaji, también conocido como el Templo de los Monos. Una visita muy recomendable. Allí de nuevo tuvimos la fortuna de no coincidir con demasiados turistas y solo había algunos visitantes locales. La ascensión hasta el último tanque de agua resulta fascinante. Y a lo largo del camino observas a los monos que dan nombre al templo.

La siguiente parada fue todavía mejor: Fatephur Sikri, la ciudad abandonada. Tuvimos la suerte de coincidir con uno de los festivales más importantes que allí se celebran, el Banquete del sacrificio, que llenaba el lugar de colores y aromas nuevos.

Sin embargo, todo lo vivido hasta el momento era tan solo el preludio de lo que quedaba por ver: el Taj Mahal. Lo visitamos a última hora de la tarde desde la orilla opuesta. El majestuoso edificio se difuminaba entre la bruma del río. Fue un momento mágico. Al día siguiente, ya con la luz diurna, pudimos apreciar todos los detalles de uno de los más bellos monumentos construidos por el hombre. Perdonas la cantidad de gente que hay, incluso a los “voluntariosos” fotógrafos que te hacen un completo reportaje a cambio de una propina… Es el punto culminante del Triángulo Dorado.

Nosotros decidimos conocer también Benarés. Fue un acierto. Es otra India. ¡No hay nada que se parezca a Benarés! Salimos en tren desde Agra. En la estación vives la India real, no la de postal. Toda una experiencia, aunque no apta para todo el mundo.

La visita de Benarés no te deja indiferente ya que la belleza de la ciudad contrasta con la dura realidad de los crematorios que hay a lo largo del río Ganges. Realmente Benarés son dos ciudades: la que mira al río y la bulliciosa y comercial, enjambre de callejuelas, aledaña al río.

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El paseo en barca al amanecer te llena el espíritu. La visión de las numerosas personas que se purifican en las aguas del Ganges es de una increíble belleza y plasticidad. Tuvimos la fortuna de volver a diferentes horas del día y de la noche. Así como de poder contemplarlo desde la azotea del restaurante de uno de los muchos hoteles pequeños situados a la orilla del río. Son imágenes que quedan guardadas en la retina para siempre.

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